Humberto Maturana 


Maturana es doctor en biología por la Universidad de Harvard, tuvo el premio Premio Nacional de Ciencias en 1974 y fue galardonado en Estados Unidos y Europa.

Para el científico chileno Humberto Maturana, 72 años, los seres vivos son máquinas, que se distinguen de otras por su capacidad de "autoproducirse". Esta teor�a -que �l denomin� "autopoiesis"- cautiv� a muchos fil�sofos, psic�logos y ambientalistas en el mundo, interesados en explorar la esencia de la vida desde la "biolog�a del conocimiento".

Doctor en biolog�a por la Universidad de Harvard, Premio Nacional de Ciencias en 1974 y galardonado en Estados Unidos y Europa, Maturana ha explorado los recovecos del ser humano, a trav�s del an�lisis de las emociones, del amor, la amistad, el poder, la educaci�n y la importancia del lenguaje.

Autor de "De M�quinas y Seres Vivos" y "El �rbol del conocimiento. Las Bases Biol�gicas del Conocer Humano", Maturana sigue fascinado con los misterios de la vida, que intenta descifrar cada d�a en su despacho del Laboratorio de Biolog�a de la Universidad de Chile, en Santiago, donde dialog� en exclusiva con Tierram�rica.

P: Usted concibe a los seres vivos como unidades cerradas que se autoproducen. �C�mo se entiende esto?

R: Lo vivo tiene que ver primariamente con la conservaci�n, no con el cambio. Los seres vivos son sistemas moleculares, redes de elaboraci�n y transformaci�n de mol�culas. La organizaci�n, los procesos, no cambian; lo que cambia son las mol�culas particulares, los componentes que entran en los procesos. A esto que se modifica lo llamo estructura. Por ejemplo, alguien enferma y enflaquece, pierde mol�culas; luego se mejora, recupera su peso, su musculatura. All� han ocurrido una serie de cambios estructurales, pero se ha conservado la organizaci�n, el vivir. Los seres vivos son m�quinas que se definen por su organizaci�n, por sus procesos de conservaci�n y que se distinguen de las otras m�quinas por su capacidad de autoproducirse.

P: Descartes dijo algo parecido, que los seres vivos eran lo mismo que los aut�matas, eran mu�ecos sin emociones. Seg�n su comprensi�n mecanicista de la vida, �los seres vivos tienen emociones?

R: Por supuesto, todos los animales tienen emociones.

P: Pero, �c�mo se explicar�an esas emociones que quiz�s los har�an diferentes de una m�quina?

R: Te voy a hablar de una m�quina que tiene emociones: el autom�vil.

P: �El autom�vil tiene emociones?

R: Claro, t� pones primera y tienes un auto potente. Dices, "�qu� potente es este auto en primera!; �es agresivo, porque apenas tocas el acelerador ruuuumm parte!

P: �Pero eso no es metaf�rico?

R: En cierta manera, pero m�s que metaf�rico es isof�rico, es decir que hace referencia a una cosa de la misma clase. Pones quinta y vas a una alta velocidad, el auto est� tranquilo, fluido, sereno. �Qu� es lo que pasa all�? Cada vez que haces un cambio, cambia la configuraci�n interna del autom�vil y ese autom�vil hace cosas distintas. Las emociones corresponden precisamente a eso; desde el punto de vista biol�gico son cambios internos de configuraci�n que transforman la reactividad del ser vivo, de modo que ese ser vivo en el espacio relacional es distinto.

P: �Qu� ser�a lo espec�fico de una emoci�n humana?

R: El ser humano puede realizar una mirada sobre su emocionar, puede reflexionar porque tiene el lenguaje. Pero el animal, que Descartes trata tan negativamente como aut�mata, no tiene c�mo hacer esa mirada reflexiva.

P: �Entonces la emoci�n del animal es como la del auto?

R: Es como tu emoci�n cuando no te das cuenta de ella. Por ejemplo, si tienes un hijo, que explota en su pena, pero no sabe exactamente qu� le pasa y t� le dices: "tienes pena, eso es lo que te pasa". En esa conversaci�n el ni�o empieza a tratar lo que le pasa como pena, y ah� aparece la mirada reflexiva. Un perrito que est� triste no tiene c�mo hacer esa mirada reflexiva; se comporta triste, pero no tiene c�mo decirte "estoy triste", como te lo dice tu hijo.

P: Una concepci�n mecanicista como la suya parece difuminar la oposici�n entre naturaleza y cultura. Pero haciendo esta distinci�n, �c�mo es la relaci�n del hombre de la ciudad actual con la naturaleza?

R: La naturaleza para el ser humano de la ciudad actual es el artificio cultural donde vive, �se es su mundo natural. Para un ni�o que crece en la ciudad -con autom�viles, aviones, radios-, �se es su mundo natural. Igual que para el ni�o que nac�a en �frica con leones, rinocerontes, p�jaros, �se era su mundo natural. Esta ciudad artificial tambi�n es parte de la naturaleza.

P: �Pero hay alguna diferencia?

R: No hay diferencia para el ni�o que crece en la ciudad, porque ese ni�o te va a distinguir las distintas marcas de autom�vil como el ni�o en el campo te distingue los diversos tipos de p�jaros.

P: �Esta distancia con el resto de especies tiene alguna consecuencia en la forma c�mo el hombre percibe y se relaciona con ese mundo?

R: Ciertamente, resulta que lo que no se ve, no se ve. Si el ni�o vive toda su vida de ni�o a adulto en la ciudad, el mundo que est� fuera de la ciudad no va a ser parte de su universo, de su nicho ecol�gico. El espacio que ocupa un ser vivo en el medio es su nicho, all� entra todo lo que lo afecta y ning�n ser vivo ve m�s all� de su nicho.

P: Usted ha dicho que nuestras decisiones sobre el medio ambiente pueden causar o la recuperaci�n del espacio de la biosfera o la transformaci�n del planeta en una luna habitada por seres humanos que viven en c�psulas, producen qu�micamente sus alimentos y donde no hay lugar para otras formas de vida. Pero esto no necesariamente va a ocurrir.

R: No, no necesariamente, mientras m�s r�pido se incremente la conciencia ecol�gica m�s potente va a ser, y as� nos llevar� a tomar medidas dr�sticas, que supondr�n dificultades para muchos, pero que a la larga conservar�n el espacio donde los seres humanos podamos vivir. Si no, o nos extinguimos o nos transformamos estrictamente en seres que viven en un mundo artificial, que ser� entonces el mundo natural. �Qu� es lo que queremos? Porque la conservaci�n es un problema de deseo, de est�tica, de estar bien; �ste no es en principio un tema de argumentaci�n racional.

P: Estudiando la vida, �ha encontrado usted un orden en el mundo? �hay una racionalidad que le sea inherente?

R: No hay una racionalidad en el mundo, no hay finalidad en �l. S�lo hay un conjunto de interacciones. El mundo va a la deriva. A la Tierra no le va a importar para nada que se extinga la vida, no ser�a el primer planeta que se muere. Insisto: la conservaci�n no es por la Tierra, no es por la biosfera, es por nosotros. La biodiversidad es importante por nuestro bienestar fisiol�gico, ps�quico, relacional, est�tico. El gran don de los seres humanos es que podemos crear tecnolog�a, pero tambi�n podemos detenerla, desenchufar las m�quinas cuando dejan de adecuarse a lo que queremos; es un problema de deseo.


 



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